Emociones y Salud
El ser humano es un ser integral. Esto quiere decir que su equilibrio depende de una buena salud de sus tres componentes: El Cuerpo Físico, el Mental o la Mente, y el Emocional o espiritual.
Todos ellos están interrelacionados, de tal forma que el desequilibrio en cualquiera de ellos, afectará a los otros.
Quizá el más profundo de ellos sea el emocional o espiritual, dado que cualquier alteración en nuestras emociones (alegría, tristeza, miedo, ira, etc.) repercutirá de forma inmediata en nuestro estado mental y físico.
Una preocupación constante durante mucho tiempo, acabará afectando a nuestro estómago, al bazo, o al páncreas, etc.
Cuando nacemos, lo hacemos en completo equilibrio, y nuestras experiencias primeras serán de tipo emocional, lo que poco a poco irá formando nuestro concepto mental de cómo es la vida y cómo va a ser en el entorno en el que nos estemos desarrollando. Esto genera una impronta en nosotros que perdurará a lo largo de nuestra existencia, pero que se irá modificando en función de las sucesivas experiencias que vayamos viviendo.
Nuestras emociones en cada momento o circunstancia nos van a ir informando de algo que es fundamental: Ante una determinada circunstancia o hecho acaecido, nos debemos de percatar de cómo nos sentimos interiormente. Es decir, hemos de estar preparados para detectar si nos produce una sensación de bienestar, o por el contrario nos hace sentir mal.
Las emociones, si estamos atentos a ellas, serán nuestro termómetro personal para medir qué nos afecta en la vida, y de qué manera lo hace.
Y una cosa está más que clara. Debemos procurar que cualquier situación sea placentera emocionalmente para nostros. Incluso ante hechos poco agradables o desagradables, debemos prestarles mucha atención para encontrar en tu interior la forma de que no te afecten emocionalmente, o al menos que nos afecten lo menos posible.
Se ha de partir del concepto de que nada es bueno ni malo, sino que la etiqueta de bueno o malo la estaremos colocando nostros en función de que nos sintamos mejor o peor respecto del hecho o suceso en cuestión. No se trata de volvernos insensibles al dolor, al sufrimiento o al miedo, sino comprender y aceptar que existen en el mundo real, que son necesarios para vivir la verdadera experiencia de la vida, y que tenemos que aceptarlo así.
De esta forma, minimizaremos los efectos emocionales desagradables, y los sustituiremos por otros efectos más benéficos al comprender que todo forma parte de la experiencia de la vida, o sea de la experiencia universal.
Formamos parte del Universo lo que implica que no podemos separarnos de la experiencia del universo, y esa experiencia se va a desarrollar forzosamente. El Universo tiende a expandirse constantemente y eso conlleva que toda experiencia del Universo ha de ser vivida y realizada en su inevitable expansión, lo cual va a ocurrir y ser percibido a través nuestro, de nuestra mente, nuestro cuerpo, y nuestras emociones.
Prestemos pues atención a nuestro bienestar emocional, ya que un prolongado bloqueo emocional producirá un atasco en el flujo de energía y con el paso del tiempo desembocará en una determinada enfermedad en el órgano asociado con esa determinada emoción.
Por ejemplo, el miedo a quedarse sin trabajo, o a perder tu casa, o a quedarte sin pareja, producirá con el tiempo un daño en nuestros riñones, y será probable que tengamos infecciones o cálculos renales, o lumbago, etc. etc.

